s.XX - Últimas tendencias - José Manuel Lucía Megías: Arte poética, 2009


ARTE POÉTICA

Comenzar con una pregunta –además de muy gallego- no dejar de ser una manera elegante de salir de estos laberintos de las poéticas casi sin rozarla. ¿Cuándo comencé a ser poeta?

I.
(una historia)

Conocí a María a las doce de la mañana, un domingo de paella en el Colegio de España en la Citè Universitaire de París. Recuerdo la hora exacta por pura lógica: a esa hora abría las puertas el comedor de la Casa de España y una paella caldosa y con el arroz pasado era un recuerdo y una cita a la que se podía acudir una vez por semana. Yo vivía en la Casa de Argentina por aquel entonces; años de estudiante en los que Argentina era la única casa que nos abría sus brazos y habitaciones centenarias a los estudiantes que no teníamos una beca. Me sorprendió verla allí, a María, al lado de la ventana cuando entré en el comedor con mi bandeja, triunfante la paella en su centro, custodiada por una ensalada y un flan que temblaba al ritmo de mis pasos. Me sorprendió verla allí. Normalmente era el primero en llegar al comedor de la Casa de España los domingos. Saludé, me senté en la mesa de al lado y comencé a pasear mi tenedor por la paella que se había convertido en un símbolo para dejar de ser un plato de comida –ya saben que los poetas, en épocas de crisis, somos capaces de alimentarnos con metáforas. Al momento, María apareció sentada a mi lado, preguntándome mil cosas, con su acento portugués que hacía cosquillas. Fue la primera vez que me oí a mi mismo decirme poeta, que me salió ser poeta por encima de profesor, investigador, escritor o simple estúpido, que es lo que soy en la mayoría de las ocasiones. Soy poeta, le dije. Y poeta no he dejado de serlo desde aquel día de revelaciones y descubrimientos, desde aquel domingo de paella en la Casa de España en la Citè Universitaire de París.

II.
Poética rescatada

A María

Y se levantó. Tenía el pelo verde, rojo y amarillo. Era sol, árbol y fuego. Era hermosa. Alta como un sueño y ojos azules, dos volcanes en erupción en su pecho. Se había levantado para irse. Era hermosa; se sabía metafóricamente hermosa. Parecía una estatua —fría y hermosa—. El fuego de su melena le bañaba los pies, el árbol se enredaba por su cuerpo escondiéndolo y el sol resucitó una infantil sonrisa al volverse. Cerré los ojos y vi por primera vez en mi vida ser verde el árbol, rojo el fuego y el sol amarillo. Abrí entonces los ojos, apoyada en la puerta esperando, sonriendo, me pareció más hermosa que nunca. Se había levantado para irse… …pero no se fue

III.
(Poética desde el Puerto de Santa María)

A ti,
Que te deseo a todas horas con mil voces
Para ser, al fin, voz de la mía.

A ti,
Desnuda de intenciones, de programas,
De embelesos más allá de la mística.

A ti,
Que te cubres con las sábanas de las imágenes
Que nacen de los suburbios de los diccionarios.

A ti, poesía,
A ti, que un día te soñé una
Para ser la voz siempre a ti debida.

A ti, poesía,
Que te lanzas a los cruces de las poéticas
Sin abandonar tu eterna sonrisa.

Inédita

***


Proyecto de Edición Libro de notas

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Datos Bio-bibliográficos

José Manuel Lucía Megías

(Ibiza, España, 1967)

Bibliografía escogida:

Libro de horas (2000)
Prometeo condenado (2004)
Diario de un viaje a la tierra del dragón (2004)
Acróstico (2005)
Canciones y otros vasos de whisky (2006)
Cuaderno de bitácora (2007)
Tríptico o la cuadratura del círculo (2009)
Trento o el arte de la espera (2009)

Enlaces:
Poemas
Textos y conferencias

Otras artes poéticas del autor:

Más información en la wikipedia: José Manuel Lucía Megías

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