s.XX - Poesía social - Gabriel Celaya: Entrevista, 1968


JB. Yo veo tres etapas básicas en tu poesía: la primera, de tipo existecial —caracterizada por los que llamaremos los poemas de Juan de Receta—; la segunda, cuya muestra más representativa sería «Cantos iberos», de preocupación social; la tercera, la actual, resume las dos anteriores, dotándolas además de un matiz irónico, sarcástico o satírico que convierte tu poesía en más accesible y, al mismo tiempo, en más «poética». Naturalmente estas etapas río no son cronológicas ni, mucho menos, tajantes. En todos tus poemas se dan los tres elementos, sólo que, durante épocas, hay uno de ellos que se impone a los demás. Hablemos de esto y de si el hecho de que hayas publicado poemas con tres nombres distintos —Rafael Mágica, Juan de Leceta y Gabriel Celaya— quiere significar una mentalidad distinta en cada caso o bien se debe tan sólo a circunstancias accidentales.

GC. Cuanto más pasa el tiempo, más comprendo lo importante que fue para mí el surrealismo francés. De esa época juvenil, anterior a las etapas que tú señalas, he publicado poco: quizás «La soledad cerrada» sea el único ejemplo. Pero lo más importante sigue inédito. Y es curioso, en el momento actual, lo siento rebrotar vivo en una serie de poemas que voy a titular «Los espejos transparentes». El existencialismo, el real socialismo, el poema en grande tipo «cantata», y otros muchos intentos irónicos, realistas, populares, políticos, y a veces casi filosóficos, hoy me parecen incidentales ante la magia de mi surrealismo juvenil: Yo creo en la libertad total, el amor loco, la violencia a ultranza y la magia de la luz negra. Quizás se deba a que me estoy haciendo viejo y vivo cada vez más de recuerdos.

IB. De las tres generaciones inmediatamente anteriores a la tuya —utilicemos los esquemas conocidos—, la del 98, la del 27 y la del 36, ¿cuál crees que está más cercana, literariamente hablando? ¿Aceptas un magisterio en alguna de ellas, o en los nombres más representativos de las mismas? ¿Reconoces influencias más o menos directas?

GC. La generación del 98, por sus preocupaciones, está indudablemente más cerca que ninguna otra de los primeros poetas sociales. Hay que entender esto en toda su amplitud; es decir, recordando, no sólo a Unamuno, sino también a Maragall. La revalorización de Antonio Machado, con un carácter casi de réplica frente a Juan Ramón Jiménez, que fue injusta en su extremismo, pero que estaba llena de un saludable sentido, es muy característica a este respecto. En cuanto a la generación del 27, es evidente que ha entrado en esas tinieblas de las cuales después surgen algunos fantasmas. Ya hay algunos que están resurgiendo. Pero desde luego cabe decir que aquella loca afirmación de que la generación del 27 constituía un nuevo Siglo de Oro, no puede tomarse en serio.

JB. En cierta ocasión afirmaste que «la poesía es un arma cargada de futuro». ¿Crees que esta voluntad de intervención en la marcha de la historia se ha manifestado en todos tus poemas? ¿Cómo juzgas los resultados obtenidos? ¿Cuáles han sido las principales dificultades que han impedido una exacta correlación entre la teoría formulada en la frase citada y su aplicación práctica?

GC. La poesía apunta al futuro. Indudable. La poesía cuenta con mil posibilidades de influir, si no directamente en las masas, en las clases, y a través de éstas, de un modo muy eficaz, en la marcha del país. Es, por tanto, un arma. Y lo ha sido en estos últimos lustros, mucho más de lo que algunos han advertido. Ahora bien, debe comprenderse esto en toda su profundidad: Un poeta puede cantar un amor, un paisaje o cualquier otra cosa que le emocione. Si lo hace con una conciencia social y revolucionaria, aunque no hable para nada de ello, ni lance tontos «slogans», ni busque aún más grotescas alegorías, habrá en todos esos cantos algo en que de un modo u otro estará latente toda la lucha y la transformación buscada. En este sentido, es muy curioso advertir cómo por una parte se ha reprochado a los poetas sociales de la primera ola su dedicación a temas preferentemente políticos (cosa evidentemente falsa), y cómo por otra parte, cuando se han tocado otros tenías, se les ha acusado de inconsecuencia. Parece ignorarse, aunque es increíble, que lo social de la poesía no está en los asuntos de que habla, sino en una concepción del mundo que, si es honda y auténtica, debe traslucir en cualquier cosa que diga, y desde luego con rechazo de todo didactismo, programa o consigna.

(De una entrevista de José Batlló a Gabriel Celaya, 1968)



De Los poemas de Juan de Leceta, Lumen, El Bardo, Barcelona, 1976.

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Proyecto de Edición Libro de notas

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Datos Bio-bibliográficos

Gabriel Celaya

(Hernani, 1911-Madrid, 1991)

Bibliografía escogida:
Los poemas de Juan de Leceta, Lumen, 1988.
Poesía, Círculo de lectores, 1991.
Tranquilamente hablando, Diputación Foral de Guipúzcoa, 2000.

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